Llega septiembre y, mientras muchas personas hablan de nuevos comienzos, tú sientes algo muy diferente.
Quizá llevas semanas dedicando prácticamente todo tu tiempo a tus hijos. Has intentado aprovechar las vacaciones, organizar planes, estar presente y crear recuerdos bonitos en familia.
Pero, al mismo tiempo, hay un pensamiento que aparece una y otra vez y que te hace sentir culpable:
«Tengo ganas de que empiece el colegio.»
O quizá:
«Necesito volver a la rutina.»
Y, en cuanto lo piensas, aparece otro pensamiento todavía más doloroso:
«¿Seré una mala madre por sentir esto?»
Si te has reconocido en estas palabras, quiero decirte algo importante desde el principio: desear que vuelva la rutina no te convierte en una mala madre. Te convierte en una madre que también tiene necesidades.
La culpa materna en septiembre es mucho más frecuente de lo que imaginamos y suele vivirse en silencio por miedo a ser juzgadas.
En este artículo veremos por qué aparece, qué la mantiene y cómo aprender a gestionarla de una forma mucho más saludable.

¿Qué es la culpa materna?
La culpa materna es la sensación de estar fallando como madre, incluso cuando objetivamente no existe ningún motivo para pensar que lo estás haciendo mal.
Muchas mujeres sienten que nunca llegan a todo.
Si trabajan, sienten que pasan poco tiempo con sus hijos.
Si reducen su jornada para estar más presentes, sienten que están descuidando su desarrollo profesional.
Si necesitan un rato para ellas, aparece la sensación de egoísmo.
Y si, después de todo el verano, desean recuperar la rutina, sienten que deberían disfrutar más de sus hijos.
Es una culpa que parece no tener fin.
¿Por qué septiembre intensifica tanto esta sensación?
Septiembre supone mucho más que el final del verano.
Representa el regreso a las responsabilidades, los horarios y la organización familiar. Paradójicamente, muchas madres sienten alivio cuando llega ese momento.
Y precisamente ese alivio es el que les hace sentirse culpables.
Porque el verano también cansa
Existe una imagen idealizada de las vacaciones familiares.
Parece que deberían estar llenas de momentos felices, juegos, risas y tiempo de calidad. Pero la realidad suele ser bastante diferente.
Las vacaciones implican:
- organizar constantemente actividades;
- resolver conflictos entre hermanos;
- renunciar a muchos espacios personales;
- gestionar rabietas fuera de casa;
- conciliar cuando todavía se está trabajando;
- asumir una carga mental todavía mayor. Es normal terminar el verano cansada.
Muy cansada.

Desear volver a la rutina no significa querer menos a tus hijos
Este es probablemente el pensamiento más importante de todo el artículo.
Necesitar descanso no significa amar menos.
Necesitar silencio no significa rechazar a tus hijos.
Necesitar volver al trabajo no significa que prefieras trabajar antes que estar con ellos. Significa únicamente que tú también eres una persona con necesidades propias.
Y olvidarlas durante demasiado tiempo suele tener un coste emocional elevado.
El mito de la madre que siempre disfruta
Vivimos rodeados de mensajes que transmiten una imagen poco realista de la maternidad. La madre paciente.
La madre disponible.
La madre que nunca pierde la calma.
La madre que disfruta absolutamente de cada momento. La realidad es muy distinta.
Hay momentos maravillosos.
Y también momentos agotadores.
Aceptar ambas cosas no te convierte en peor madre. Te convierte en una madre real.
¿Por qué sentimos tanta culpa las madres?
La culpa no aparece porque estés haciendo algo mal.
Aparece porque existe una enorme distancia entre la madre que crees que deberías ser y la madre real que eres.
Muchas mujeres han crecido con mensajes como:
- «Una buena madre siempre está disponible.»
- «Tus hijos deben ser siempre lo primero.»
- «Una madre sacrificada es una buena madre.»
- «Si necesitas tiempo para ti, eres egoísta.»
Cuando interiorizamos estas creencias, cualquier necesidad personal se vive como un fracaso.

La carga mental también necesita vacaciones
Cuando pensamos en el verano solemos imaginar descanso.
Sin embargo, para muchas madres ocurre justamente lo contrario. Aunque desaparezcan las clases, continúan las listas.
Las comidas. Las mochilas. Las excursiones.
Las citas médicas. Los cumpleaños. Las actividades.
Pensar continuamente en todo lo que hay que organizar también agota.
Y ese agotamiento no desaparece simplemente porque estemos cerca del mar o de la piscina.
¿Cómo gestionar la culpa materna en septiembre?
Cambia la pregunta
En lugar de preguntarte:
«¿Qué clase de madre desea que empiece el colegio?»
Prueba a preguntarte:
«¿Qué necesito yo para poder seguir cuidando bien de mis hijos?»
La diferencia parece pequeña.
Pero cambia completamente la perspectiva.
Cuida también de ti
Existe una idea muy extendida según la cual cuidar de uno mismo es un lujo. No lo es.
Es una necesidad.
Una madre agotada, saturada y emocionalmente desbordada difícilmente podrá sostener el bienestar de toda la familia durante mucho tiempo.
Cuidarte no es un acto egoísta.
Es una forma de cuidar también a quienes dependen de ti.
Deja de compararte
Las redes sociales muestran únicamente una parte de la realidad. No ves las discusiones.
No ves el cansancio.
No ves las dudas.
Solo ves fotografías.
Comparar tu vida completa con los mejores momentos de otras familias solo aumentará la culpa.
Acepta que no existe la madre perfecta
No existe.
Y cuanto antes renuncies a perseguirla, antes empezarás a disfrutar realmente de tu maternidad. Tus hijos no necesitan una madre perfecta.
Necesitan una madre suficientemente buena. Una madre disponible emocionalmente.
Capaz de reparar cuando se equivoca.
Y capaz de enseñar, con su propio ejemplo, que cuidarse también forma parte del amor.

La maternidad también necesita cuidar de quien te cuida
Ser madre no significa dejar de ser mujer. No significa dejar de necesitar descanso. No significa renunciar a tus espacios.
Y, desde luego, no significa que debas sentirte culpable por agradecer que vuelva la rutina. Tus hijos no necesitan una madre que nunca se canse.
Necesitan una madre que pueda sostenerse también a sí misma. Porque cuando tú estás bien, toda la familia lo nota.
¿Sientes que la culpa te acompaña constantemente?
Si la culpa materna forma parte de tu día a día, si sientes que nunca llegas a todo o que has dejado de escucharte a ti misma, quizá haya llegado el momento de dedicarte el mismo cuidado que ofreces a los demás.
En Sara Navarrete Psicología acompañamos a muchas mujeres que viven con una elevada autoexigencia, ansiedad y culpa. A través de un proceso terapéutico podrás comprender de dónde nace esa culpa, aprender a gestionarla y recuperar una forma de vivir la maternidad mucho más tranquila y saludable.
Puedes ponerte en contacto con nosotros a través del formulario de nuestra web y contarnos tu caso. Estaremos encantados de ayudarte.
Preguntas frecuentes
¿Es normal querer que empiece el colegio?
Sí. Después de unas vacaciones intensas, es normal necesitar recuperar los horarios, la organización familiar y algunos espacios personales. Sentir alivio por la vuelta al colegio no significa querer menos a tus hijos.
¿Soy mala madre por necesitar tiempo para mí?
No. Tener necesidades propias, descansar y disponer de tiempo personal no disminuye el amor hacia tus hijos. Cuidarte también te ayuda a afrontar la maternidad con mayor equilibrio emocional.
¿Por qué siento culpa aunque sé que estoy haciendo las cosas bien?
Porque la culpa materna no siempre responde a hechos reales. Con frecuencia aparece por expectativas poco realistas, autoexigencia, perfeccionismo o creencias sobre cómo debería comportarse una “buena madre”.
¿La culpa materna desaparece sola?
En algunos casos puede disminuir cuando se recupera la rutina. Sin embargo, cuando está relacionada con el perfeccionismo, la ansiedad o una elevada autoexigencia, puede ser necesario trabajar las creencias que la mantienen.
¿Cómo puedo dejar de sentirme culpable?
Puedes empezar cuestionando las exigencias imposibles, reconociendo tus propias necesidades y aprendiendo a tratarte con mayor comprensión. Cuando la culpa afecta de manera constante a tu bienestar, puede ser recomendable solicitar ayuda psicológica.

